29 jul. 2013

Gps

































Casi todo el mundo le ha pegado un grito al GPS. Casi todo el mundo le ha pedido disculpas inmediatamente, reconociendo de un modo más o menos implícito la dependencia real y psicológica a ese dispositivo.  
Mucha gente llama a su GPS por su nombre, casi siempre un nombre de mujer que tiene voz femenina, lo que según algunos investigadores disparan la probabilidad de bronca. A pesar de ello, en casi todos los países los GPS funcionan con voz de mujer, a pesar de que existe la opción de seleccionar una voz masculina para que te guíe por los caminos del mundo.
Es curioso que casi todos los gadgets tengan voz femenina. Y ya podéis imaginar que semejante decisión tiene poco de azaroso. Que para eso existen los estudios de mercado.
El profesor Clifford Nass del programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad de Stanford y un habitual de este blog investiga las manías que desarrollamos los humanos cuando nos relacionamos con la tecnología. Cada mañana en su clase repleta hasta la bandera se lleva las manos a la cabeza, y casi gritando se pregunta: “¿Por qué tomarnos tantas molestias para relacionarnos con una máquina? ¿Importa tanto que sea hombre o mujer?”
Diez años de investigaciones le han servido para entenderlo. “Al parecer, nuestro cerebro está más a gusto con la voz de una mujer, y es mucho más fácil encontrar una voz femenina que sea del agrado de todos”, explica. 
Algunas investigaciones biológicas sugieren que esta preferencia se origina en el útero materno. Y los estudios de mercado indican que la gente se siente menos intimidada por una voz de mujer, lo que explicaría que casi todos los GPS y otros sistemas de navegación tengan, desde la II Guerra Mundial, voz femenina. Alemania es una excepción en esta regla.
Según cuenta el profesor Nass en su libro The Man who lied to his laptop. What machines teach us about Human Relationships (Current Hardcover, 2010)(El hombre que engañó a su Laptop. Lo que nos enseñan las máquinas acerca de las relaciones humanas), en ese país BMW tuvo que poner voz masculina a los GPS de todas sus series de coches después de recibir cientos de quejas de clientes que se rehusaban a seguir órdenes dadas por mujeres.
Por lo visto se percibe como más probable discutir con una mujer (pero también reconciliarse). El propio Nass comprobó en sus investigaciones que todos, hombres y mujeres, éramos más proclives a pelearnos con el GPS, a contradecirlo y a hacer las paces, si éste nos hablaba con voz femenina. 
Aunque Apple nunca ha dado explicaciones de por qué su asistente Siri tiene voz masculina en Reino Unido y femenina en el resto del mundo, otros expertos sí se ha aventurado a teorizar sobre ello. Stephen Ebbett, un asegurador de gadgets para Protecyourbubble.com ha dicho: “Apple ha decidido que los británicos confiarían más en una voz masculina autoritaria y que los americanos serían más receptivos a una voz de mujer”. Por su parte, Clifford Nass piensa que la gente responde mejor al “género robótico” de la misma manera que lo hace con el género humano, cuando las voces son “inteligentes y creíbles”.
Lo que realmente sorprende a los investigadores es el hecho de que por más tecnología que pongamos en nuestra vida, seguimos relacionándonos con ella del modo que solemos hacerlo con los humanos. “Nuestro cerebro no sabe hacerlo de otro modo, es consciente de que interactúa con una máquina pero mientras ésta tenga al menos una función similar a la de un humano (voz, memoria, inteligencia, incluso personalidad) sigue aplicando normas sociales", dice Nass.  
Además, según los expertos, no importa la edad, la clase social, ser nativo digital, o un usuario avanzado, todos automáticamente respondemos a las máquinas en clave social, a no ser que dediquemos un enorme esfuerzo a pensar en no hacerlo.
“Este comportamiento es difícil de mantener en el tiempo, en cuanto estemos un poco cansados o nos concentremos en otra cosa volveremos a las andadas. Es decir, a la respuesta automática que es aceptar como real lo que se parece a la realidad”, afirma Nass. Su explicación es que la tecnología ha ido mucho más rápido que nosotros. “Nuestro cerebro evolucionó en un entorno donde los únicos que exhibían complejos comportamientos sociales eran los humanos, y en un mundo donde todos los objetos percibidos eran objetos físicos que existían en la realidad. No estamos preparados para otra cosa. Nuestra respuesta automática es que todo lo que parece real, efectivamente, lo es”.
No somos más que viejos cerebros lidiando con nuevas tecnologías. Piense en ello la próxima vez que le pegue un grito al GPS




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